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BECADA: LA DESPEDIDA

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BECADA: LA DESPEDIDA

Una vez más, como cada año, decimos adiós al profundo olor de tierra mojada, la quietud del monte, el murmullo de los múltiples riachuelos de nuestros bellísimos montes asturianos. Decimos hasta el año que viene al mayor enigma que tiene el bosque en invierno. SE VA LA BECADA. Vuelven a sus territorios de cría en el Norte de Europa. Las arceas, adultas y jóvenes, hacia finales de Febrero acuciadas por la necesidad de reproducción en los lugares que ha pasado el invierno, se vuelven inestables y caprichosas como nunca. Cuando comienzan las jornadas cálidas y soleadas sienten añoranza de su patria, lugar de reproducción y nacimiento, donde regresan todos los años. Se cree que la vuelta a los países del Norte en primavera se realiza en línea recta, por la vía más breve; dependiendo, -como a la llegada- del tiempo. Este es el promotor que espolea de inmediato el instinto de partida. Según las tardías o precoces condiciones metereológicas, grandes oleadas de aves de paso migrarán cuando el tiempo presente depresiones al Noroeste. La becada no hereda las costumbres, sino la capacidad y el hábito de la migración y también la facultad de orientarse. Los vuelos migratorios suelen ser a menudo muy abundantes en individuos; aunque las más de las veces viajan en familia o en parejas. Ya en sus sitios de cría, los efluvios primaverales que excitan su pasión amorosa, tienen tal potencia influyente sobre los órganos del Scolapax, de por si mudo y taciturno, que le conceden el don de expresar sus deseos por medio de cánticos guturales, estridentes y monótonos. La arcea, pasional, concupiscente y libidinosa manifiesta su pasión amorosa de forma galante, ardiente, llena de gracia e impetuosidad. Es a la aparición del crepúsculo, precisas como un reloj cuando los machos se ponen en movimiento para efectuar, con un vuelo lleno de gracia, lento y ondulado esta manifestación amorosa que los franceses llaman “croule” y que constituye, en el escenario impresionante del bosque, una de las más maravillosas y pintorescas escenas del mundo animal. Las hembras, indiferentes y reservadas, en principio, poco coquetas, están posadas en tierra o volando bajas, casi rasando el suelo, dejándose conquistar poco a poco por las evoluciones del macho. Hasta que amante de los goces raros y delicados, se niega, atormenta y acaba al fin totalmente entregada. Y aquí, desde nuestras tierras asturianas muchos becadistas, esperamos con ilusión que todo este ritual dé sus frutos y en la próxima temporada tengamos de nuevo entre nosotros este espíritu del bosque. El claro declive en los últimos años de esta especie migratoria, aún poco conocida empieza a ser muy preocupante. Su futuro, si no se toman medidas drásticas, comienza a ser incierto sobre todo en Europa en general y en España en particular. La escasez de individuos adultos, la falta de pequeñas praderas permanentes de media montaña, y sobre todo la presión cinegética a que está sometida la becada invernante en Europa la ponen en serio peligro de extinción. Aunque la temporada pasada 2007-2008 se ha observado una muy buena entrada de arceas desde los primeros días de noviembre y esta abundancia ha sido elevada a lo largo de toda la temporada cinegética, aunque a partir de la primera semana de enero ha ido en descenso, se supone, por la presión cinegética (según Seguimiento de la Migración de la Arcea en Asturias llevada a cabo por el Principado). Llama la atención de ese estudio que el 66,34% de las becadas cazadas han sido jóvenes. Por lógica los proximos años el descenso será acusado. Aunque esta temporada aún sin evaluar, parece que si no tan buena, también ha sido excelente, no nos debemos confiar. La lógica nos dice que el futuro de la becada pasa por una caza sostenible, una actividad en que importa menos el “cuantas” y más el “como” Todos: Administraciones, guardería, amantes de la sorda, debemos aunar esfuerzos para garantizar su supervivencia, sobre todo los cazadores y becadistas mostrando el máximo respeto por ella. Denunciando el furtivismo, respetando los cupos, zonas de seguridad y refugio Nuestro apoyo a los colaboradores e investigadores de la Universidad y el Principado de Asturias y a las asociaciones como el Club de Cazadores de Becada por los proyectos que para su protección llevan acabo. Las decisiones siempre son mejores si se toman desde el conocimiento. Por último nuestros perros, eficaces ayudantes, estrellas y guías en nuestras jornadas de caza echarán de menos tanto como nosotros el rastreo de esta magnifica ave de suaves plumas y delicadas formas. Despedimos una temporada bastante positiva, esperando que la próxima no sea peor.

Salud.

 

 
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Publicado por en 10 febrero, 2009 en LA CAZA

 

LA ARCEA- REINA DEL MONTE

 

Oleo Manuel Sosa

LA REINA DEL MONTE:
 Embajadora del frío, misteriosa y mágica; Bella esquiva, reina de la caza con perro de muestra la consideran cuantos hayan practicado este deporte en los bellísimos montes de nuestra tierra. La delicadeza de sus sentidos, la finura de su astucia es sólo reconocida por los seguidores de esta magnífica especie. Aquel cazador que haya vivido un buen día tras estas escurridizas aves entre árboles y matorrales en compañía de un buen perro, quedará totalmente maravillado y no volverá a renunciar a la práctica de este tipo de caza.

Ave migratoria por excelencia llega a nuestros bosques entre los meses de setiembre a noviembre junto con el frío. Es un ave de actividad diurna en primavera y verano y eminentemente nocturna en otoño e invierno La Becada, Chocha Perdiz, Sorda, Pitorra, Arcea, Oilagorra, que todos estos nombres recibe en Europa, es un ave de la familia de las Caradriformes que mide de 25 a 30 cm. de la cabeza a la punta de la cola. En América hay otra de menor tamaño; La Minor.

Vista por arriba en el vuelo, con las alas abiertas es de un color castaño claro, vista desde abajo es como una sombra recortada contra el cielo ya que su plumaje por abajo es grisáceo. Y vista en el suelo, achantada entre las hojas de los pinos y de los robles, simplemente… no se ve

 

Es admirable su cabeza; muy comprimida a los lados, estriada en negro. Llama la atención su forma triangular con el vértice en el píleo y la frente en forma de rampa plana. Su largo pico ceniciento, su plumaje que es un modelo de protección y camuflaje; el amplio pecho rayado transversalmente de oscuro; el dorso – magnífico- pardo encendido con manchas angulosas muy negras; su cola, amplia, corta, redonda con las doce plumas timoneras negrísimas coloreadas en los extremos, grises en la parte superior, blancas en la inferior, son una ayuda maravillosa para el vuelo de la sorda y le sirve también como timón, estabilizador y freno.; patas cortas, robustas y flexibles con plumas hasta la articulación del tarso y muy preparadas para apeonar a gran velocidad…

Pese a que su nombre “Sorda” puede llevarnos a pensar que no oye bien, su oído es agudísimo hasta el punto de percibir el más leve roce, el mínimo ruido extraño acostumbrada a los grandes silencios de la foresta y de las noches oscuras sin luna. El nombre le viene dado por la antigua creencia de que era sorda porque no sale de su escondite hasta que el depredador está muy cerca. La becada hace esto porque confía totalmente en su mimetismo.

                                          

El vuelo

La arcea, ave perspicaz en extremo, sabe muy bien cómo alejarnos de sus nidos con sus vuelos velocísimos y torcidos, buscando siempre esconderse entre las matas interponiendo entre ella y su cazador cualquier obstáculo que dificulte su seguimiento. En alguna ocasión nos ha dejado atónitos e indecisos por muy hábiles que seamos tirando.

Su aleteo característico al levantar el vuelo se debe a que sus alas no son exageradamente grandes lo que le permite elevarse con facilidad. Sólo el viento es su peor enemigo en estos delicados momentos debido sobre todo a la fragilidad de su osamenta. En situación de extremo peligro lo intentará igualmente dejándose llevar por la corriente hasta algún claro donde se dejará caer como fulminada por un rayo.

Goerges Benoist,en su libro “Becasses et Bëcassiers” (magnífico) habla magistralmente sobre el vuelo de la becada:

Su vuelo es acrobático y se modifica según el capricho del pájaro; extremadamente rápido y raro bajo sensación de frío, es tranquilo y gracioso durante el buen tiempo de temperatura agradable. En el amor lo adorna con giros fantásticos y la astucia lo vuelve brusco, diestro difícil…Con la condición de que el viento no venga a entorpecer sus evoluciones, el cuerpo de la becada se presta a todos los equilibrios; abandonará una altiplanicie boscosa para precipitarse en barrena dentro del valle y dejarse caer como una piedra en el punto fijado por ella. Las alas desplegadas en vertical y la cola dispuesta en abanico a la altura del pico le dan una potencia de frenado que bloquea casi instantáneamente al pájaro en el aire. Es en ese momento cuando se produce la caída a tierra, rápida y directa, pero suavemente atenuada por la elasticidad de las patas y la destreza del pico para dirigir la operación.

Esta facultad le permite aterrizar en sitios muy difíciles, reducidos, llenos de maleza y casi siempre húmedos.


 

Los ojos

Sus ojos, situados en los laterales de la parte posterior del cráneo como dos magníficas perlas negras fáciles de ver tanto de noche como de día en los que se puede leer su astucia, malicia sensualidad y glotonería

Por su localización alta y atrás, le permiten una visión periférica de 360º Cuando huye en vuelo fulgurante su visión hacia atrás la permite interponer entre el predador y ella todo tipo de obstáculos, pues analiza en todo momento el peligro que le viene siguiendo. ¿Quién no ha visto una becada intentando interponer un árbol u otro obstáculo entre ella y nuestra escopeta?

En actitud estática puede observar todo el campo, y sin moverse detectar el peligro en cualquier ángulo salvo debajo del pico sin necesidad de mover la cabeza evitando llamar la atención. Ave eminentemente nocturna tiene una tercera membrana en los ojos para protegerlos de los rápidos cambios de luz. Ninguna de las aves nocturnas hace uso de esta característica para limitar la luz como la becada. Esta especial facultad explica la razón por lo que la chocha-perdiz pasa de la sombra a los intensos rayos de sol sin desorientarse ni deslumbrarse. Más aún, gracias a la pupila nictitante que le permite atenuar el flujo de luz, en muchos casos, cuando está en peligro volará directamente hacia el sol consiguiendo desconcertar al cazador que se verá obligado a soltar un tiro improbable.

Aunque la becada prefiere la oscuridad, mejor adaptada a su temperamento temeroso, a su género de vida y a la de aquellos que son generalmente su alimento, todos los becadistas saben que en algunas ocasiones, en un hermoso día de sol, hacia el medio día, se la puede encontrar, solitaria paseadora, a lo largo de los senderos que rodean el bosque o donde sea que el sol haya recalentado el suelo frecuentando los lugares más abiertos e iluminados abandonando así las matas sombrías y profundas para rebuscar su comida sobre todo en las noches de heladas intensas que endurecen el suelo.

Lo mismo que la intensa luz del sol no perjudica la visión de la becada; las noches de oscuridad más densa no la inquietan ni obstaculizan sus viajes migratorios, ni la rebusca de su manutención. Sus grandes y bellos ojos poseen la facultad de aumentar el grado de percepción visual. Esto es debido al prolongamiento de la retina –pettina- que sujeta el iris a movimientos de concentración y dilatación necesarios para variar la intensidad de la vista.

                                    

 El pico

 Su nombre científico Scolapax Rusticola, deriva de la forma de su pico con un cierto parecido a un pequeño palo (en griego scolapax)  

Su característico pico hace una función similar a la de la mano, el olfato, el tacto y del gusto. Nunca lo limpia contra el suelo. En cuanto está un poco embarrado con un rápido movimiento desliza dos dedos juntos de un pata sobre el. También lo usa para mantener limpio y engrasado el plumaje. Es el órgano más adecuado para satisface la conocida glotonería de esta ave. De unos 6 a 9cm. mas o menos, es relativamente débil y blando. Su mandíbula superior tiene la punta redondeada y ligeramente curvada. La inferior menos flexible y más fuerte parece como cortada. La punta redondeada del pico es bastante blanda y está cubierta de una piel muy bascular, nerviosa y sensible (muy semejante a la mucosa que recubre la nariz de los perros). Es en esta parte del pico donde residen los sentidos del tacto y del olfato, muy necesarios para la rebusca de gusanos a los que la becada es tan aficionada.

Si examinamos con atención el pico de una becada recientemente muerta podremos comprobar que es capaz de flexionar para convertirse en una perfecta pinza que le permite extraer sin problemas de la tierra los gusanos de que se alimenta. Esta particularidad le es especialmente útil cuando se alimenta en terrenos helados, donde la primera capa de tierra esta muy dura. Otro uso peculiar es cuando rebusca bajo las hojas en descomposición. La arcea no escarba como hacen otras aves, sino que usa su largo pico como palanca dando vuelta a las hojas y así deja a la vista su alimento. Su amplia cavidad bucal y su larga lengua armada en la parte trasera con dos enganches vueltos hacia atrás le sirven de maravilla para arrastrar su alimento hacia el fondo de la boca favoreciendo su ingesta.

Hay otra utilidad de su pico que me fascina: No en vano se le suele llamar “el médico de la becada”. Su pico es un instrumento quirúrgico. Recordemos que la arcea es capaz de curarse las heridas, taponándolas con emplastos de hierbas aromáticas e incluso se coloca férulas de barro, plumón y hierba en las fracturas a modo de escayola. Dado que sus patas están incapacitadas para este menester es su pico ayudado por el cuello corto pero muy flexible lo que le permite acceder a cualquier parte de su cuerpo y proceder a su cura.

A todos los privilegios de esta ave magnifica se le podrían agregar muchos otros:

Algunos estudiosos de la becada aseguran que es capaz de trasportar a sus crías de un sitio a otro en caso de peligro siempre que no sea muy distante. Este trasporte que no puede ser con las patas porque no son prensiles, lo realiza de la siguiente manera: Encaja el polluelo entre las patas de la madre (uno cada vez) y con el pico procura sujetarlo durante un corto vuelo. El pico haría por supuesto de tercer punto de presión y sostenimiento.

Podemos concluir que el pico de la becada es un órgano esencial para sus funciones vitales.

                                                 

                                                                   chaza

Hábitat y alimentación

 El hábitat de la Becada es el bosque húmedo, profundo, en los torrentes y torrenteras, pero con prados y zonas de musgo cerca, que son los comederos que utiliza a la anochecida y al amanecer; los gusanos, lombrices y pequeños caracoles, que encuentra en el subsuelo y que localiza con el pico son la base de su sustento. Es ave rutinaria que suele ocupar la misma zona e ir a comer siguiendo el mismo itinerario todos los días, variando únicamente la hora en función de la oscuridad reinante. La becada hace una prospección del terreno que considera propicio, siempre en abanico caminando a buena velocidad con pasitos cortos, haciendo pequeñas paradas de vez en cuando, al detectar la posibilidad de alguna presa. Entonces introduce su pico en la tierra y simplemente agarra la lombriz. En las blandas deposiciones de vaca clava su pico y coge el alimento dejándonos en las mismas una señal inconfundible de su paso en forma de agujerito redondo. Estos agujeros, junto con las deposiciones, llamadas chazas, freza o espejos por su forma y color, son el mejor indicativo de la existencia de Arceas, sobre todo porque en el bosque húmedo duran poco, no más de dos o tres días lo que nos indicará el paso reciente de la misma. Sus características y fluidas deposiciones, que también conocen los cazadores de becadas, se extienden por el suelo formando una mancha color blanco lechoso provista en el centro de otra pequeña negra de composición terrosa; Recién puesta es muy brillante y para nosotros inodora, no así para nuestros perros que la ventean desde lejos, la olfatean con placer y hasta la lamen en alguna ocasión.

                                                             

  

 Nidificación y cría “la croule”

 La época en que tiene lugar la incubación de la becada varía según la latitud, la estación y la localidad. En España la población sedentaria de becadas únicamente cría en la franja Norte de España, en espacios bien conservados y con camperas donde se alimenta. La Cordillera Cantábrica Montes Vascos y Pirineos son los sitios favoritos para hacer sus nidos. El cortejo suele empezar a mediados de Marzo hasta e l mes de Agosto, e incluso Septiembre. El celo da origen a un ceremonial complicado caracterizado por llamadas sonoras. Los machos practican el arrullo, caminando por el suelo, con el plumaje hinchado, croando y silbando hasta la noche (¡bip-bip-bip…!): Concupiscente y libidinosa, la becada manifiesta su pasión amorosa de modo galante, ardiente, lleno de gracia y de impetuosidad. “Ella ama dice Th. Dromard, los goces raros y delicados, a veces tan pronto se empareja en vuelo, con rápidas y ligeras revueltas, como en otras lo hace entre las sombras cerca de románticas mieses, como en los claros del bosque, con el adorno de las matas esmaltadas de primavera, con anémonas de esmeralda, ella se ofrece, se niega, se atormenta, hace la rueda, y se entrega toda al fin con delicia. Esta exaltación sensual de los sentidos produce un intenso adelgazamiento por lo que su carne se vuelve seca y correosa. Construye su nido con ramitas, por lo común en pequeñas depresiones del terreno. Prefiere los grandes bosques interrumpidos por amplios claros donde su vuelo esté libre de obstáculos y donde los primeros pasos de sus crías no se vean impedidos por la espesa vegetación del bosque bajo, lejos de sendas transitadas habitualmente por alimañas y depredadores. Se asegurará siempre que la coloración de la vegetación del entorno de su nido sea completamente mimética con su plumaje. Suele poner cuatro huevos de gran tamaño de color pardo oscuro con manchitas muy relacionados con los colores de los componentes del nido y su entorno dificultando así su localización. La confianza de la becada en su mimetismo es tal, que en alguna ocasión se han podido acercar hasta casi tocarlas agachadas en sus nidos. Sólo sus magníficos ojos negros como la noche, sumamente expresivos son capaces de traicionar su presencia a cualquier observador.

La Arcea es una madre excelente, que saca sola adelante su nidada. Es un ave que no vive en pareja; después de la fecundación no existe ninguna relación entre el macho y la hembra. Sólo ella se encarga de la incubación y la cría de sus polluelos. Durante horas enteras yace inmóvil sobre el nido, rígida y como muerta. Esto tiene por finalidad reducir las emanaciones olorosas y disminuir la posibilidad de ser descubierta. Los polluelos nacen todos en una noche y curiosamente su madre los sacará del nido hasta que se sequen. A la mañana siguiente las volverá a llevar al mismo. La incubación durará unos 25 días. La becada siente un gran afecto por sus crías y no duda en exponerse a cualquier peligro para salvarlas.

Las crías, de patas largas y pico corto, cubiertas de plumón tienen desde el principio los innegables genes de su especie. Desde el principio tiene sus ojos característicos y su fino oído; al menor aviso de la madre se aplastaran contra el suelo y se quedarán inmóviles para evitar su localización. A los pocos días de nacer están perfectamente capacitadas para apeonar y seguirán a su madre a todas partes

 Su caza

La becada, dama del monte, es posiblemente el ave cinegética que más nos pondrá a prueba, ya que para ser un buen cazador hace falta buena forma física, un buen perro perfectamente adiestrado y amaestrado, eficacia y rapidez con la escopeta, instinto de cazador para adivinar dónde pueden estar o por dónde se van a levantar, sacrificio a la hora de entrar en las zonas más sucias del monte, una buena orientación para no perdernos y, ante todo, constancia y paciencia con el perro para poder hacer de él un buen compañero. La arcea, ave de mil argucias, nos dará en ocasiones la sensación de estar cazando fantasmas, esa es entre otras la característica que hace que nos quedemos enganchados de por vida como si fuera una droga

                      

La manera de cazar la arcea al principio de la temporada difiere mucho de la de mediados y más de la del final. Las de principio, aguantan bien la parada, casi no peonan y cuando lo hacen, si van perseguidas se achantan enseguida confiando en su mimetismo. A mitad de temporada es cuando de verdad empezamos a disfrutar de las verdaderas Reinas del Bosque que en cuanto sienten un roce o una campanilla salen de estampida en vuelos cortos o peonando sin darnos opción ni siquiera a levantar la escopeta. Aquí es cuando demostraremos nuestras condiciones físicas subiendo y bajando tras la sorda en su triangulo marcado por lo menos en las más de las ocasiones. Más dificultad aún tendremos para cazar las que invernan en nuestros cazaderopues a sus argucias unen el conocimiento del terreno.

Para el cazador que ha caído bajo el embrujo de la becada con buen perro de muestra como aliado; que en estos momentos de espera siente la fiebre que le tendrá en vilo hasta el comienzo de la temporada y para el que lograr un trofeo así tiene mucho mérito, pedirle máximo respeto por esta Dama del Bosque, por su entorno, y su hábitat: Sobre todo UN RUEGO: Sal a cazar; QUE NO A EXTERMINAR. Respeta los cupos y no caces a la espera… Ella no se lo merece y tú habrás perdido la ocasión de vértelas con un rival a tu medida….

Y la conclusión: Que la norma para cazar sordas no existe y lo único que vale son perro, piernas y paciencia.

Ya conseguida la pieza, sepamos que es cuando empiezan el invierno cuando su carne es más exquisita recordemos lo que dice Karlos Arguiñano: «La becada sabe a tierra y bosque húmedo como una seta que pica, corre y vuela».

 Salud y amistad

 
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Publicado por en 25 noviembre, 2008 en LA CAZA